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Yoga Tercera Edad

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El último período de la vida es, en muchos sentidos, particularmente ideal para acercarse al Yoga. Uno dispone de más tiempo para dedicarse a sí mismo, tanto física como espiritualmente. El Yoga es uno de los ejercicios más recomendables, no solo por los beneficiosos y saludables efectos físicos que la persona obtiene, sino también porque favorece una visión más positiva de la vida, y la adquisición de nuevas energías anímicas.

La inactividad


La pérdida de fuerza y de masa muscular en la persona mayor suele ser muy importante, y se debe fundamentalmente a la inactividad crónica. El sedentarismo es un factor de riesgo para que aparezca dolor de espalda, facilita la adopción insconsciente de posturas incorrectas y la sobrecarga de la musculatura. La inactividad favorece estados depresivos, insomnio, problemas circulatorios y articulares, entre otros.

Los ejercicios y técnicas yóguicas se adaptan a las limitaciones físicas de las personas que nunca han practicado ningún tipo de ejercicio de forma regular, personas con sobrepeso o con problemas de salud los ejercicios se diversifican según las necesidades individuales y respetando los principios importantes del Yoga: respiración, relajación y atención interior.

Más allá de los ejercicios físicos, el Yoga pone a disposición de las personas una filosofía de vida que abre nuevas puertas a la manera de tratar realidades que en las personas mayores son particularmente frecuentes, como la soledad, el miedo a la muerte o la depresión. La filosofía optimista del Yoga ayuda a encontrar un mayor sentido al vivir cotidiano, y disfrutar plenamente de un período de la vida tan especial como son los últimos años de ella.

La persona mayor debe trabajar el cuerpo y además conocerlo. En este sentido se hace muy útil la práctica de Yoga. El conocimiento del cuerpo, de cada una de sus partes, hace posible su control y aprovechamiento de sus funciones. En el envejecimiento la mayoría de las veces se da una suerte de rigidización, se camina como si fuera de una sola pieza y así también se realizan las acciones y movimientos.

Tanto a través de las elongaciones, la relajación como de la buena respiración, la persona mayor llega a sentirse más tranquilo y seguro frente a los avatares de la vida. Es como aprender una técnica de autoayuda. Junto a esto, el poder aprender a conectarse con uno mismo, sentirse, le otorga una tranquilidad que permite disminuir en mucho la ansiedad, las contracturas tan disparadores de dolores y como consecuencia disminuir los psicofármacos y los analgésicos que tan a menudo forman la canasta de polifarmacia de los mayores.

Beneficios


Los ejercicios de Yoga tienen un carácter correctivo, están regidos por la lógica del cuerpo-mente. Respetando el alineamiento natural del cuerpo, el objetivo es dar a cada parte del cuerpo aquello que necesita para conseguir un completo equilibrio físico. Los âsanas tienen un valor terapéutico, juegan con el peso del cuerpo, la fuerza de la gravedad, la presión enfocada y la eventual inmovilidad para llegar a cada zona del cuerpo de la manera más eficaz realizando un masaje profundo a los órganos internos. Actúan no sólo a nivel músculo-articular, sino también a nivel orgánico profundo.

En este sentido podemos decir que la práctica regular del Yoga permite:
  • mejorar la flexibilidad y movilidad muscular
  • relaja y tonifica la musculatura
  • corrección postural
  • fortalece la columna vertebral
  • estimula las glándulas endocrinas
  • mejora la digestión y eliminación
  • mejora la circulación
  • mejora la condición del corazón
  • mejora la condición respiratoria
  • fortalece la respuesta inmunitaria


  • Como consecuencia, ayuda a:
  • conservar el peso ideal
  • adoptar una alimentación sana
  • prevenir trastornos propios de la vejez
  • mejorar la calidad de sueño
  • detener el envejecimiento celular
  • reducir significativamente la pérdida de memoria
  • activar la circulación sanguínea
  • mejorar el carácter


  • Trastornos como la artrosis, artritis y osteoporosis propios del deterioro físico, pueden prevenirse o retardarse con la práctica de Yoga.

    Investigaciones científicas han demostrado la efectividad de la relajación del Yoga en la disminución de la presión arterial diastólica y sistólica en persona hipertensas, así como la reducción de medicamentos antihipertensivos.

    Ampliamente se ha reconocido la utilidad de las prácticas del Yoga, especialmente los Pranayamas (control energía vital a través de la respiración), en el tratamiento del asma bronquial, con la consiguiente mejora de los síntomas, la disminución en el consumo de medicamentos y las modificaciones en la reactividad pulmonar; esto es posible, en gran medida, gracias a que disminuye la hiperactividad psicológica y la inestabilidad emocional, ello causa el decrecimiento de la reactividad pulmonar.

    Al aflojar las articulaciones y relajar la musculatura mejoran las habilidades motoras. Con el control de la respiración se incrementa la coordinación psicomotora. El dominio sobre la mente mejora los procesos de atención y concentración y como consecuencia el coeficiente de inteligencia.
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